En River se vive una contradicción, una sensación agridulce: Boca quedó afuera del Torneo Apertura y no saldrá campeón, pero dejó al equipo de Marcelo Gallardo condenado a jugar la Copa Sudamericana. El dilema del que tanto se habló en la previa cayó de ese lado de la moneda, y las consecuencias no solo serán futbolísticas para las aspiraciones de un club acostumbrado a moverse en lo más alto del plano internacional: no disputar la Copa Libertadores también implicará un cimbronazo para las arcas.





