Las autoridades del Servicio Provincial de Manejo del Fuego en Chubut informaron un avance significativo en el combate contra los incendios forestales que azotan la región de la Patagonia. De acuerdo con el último reporte oficial, se ha logrado extinguir 22 de los 32 focos que se mantenían activos, un logro que ha permitido aliviar la tensión en varias zonas críticas. Sin embargo, la situación dista de estar bajo control total, ya que el fuego persiste en áreas de difícil acceso y ya se contabilizan casi 12.000 hectáreas afectadas por las llamas, dejando un paisaje de devastación ambiental sin precedentes en la última década.
El operativo de emergencia ha sumado recursos tecnológicos y humanos de gran envergadura para frenar el avance hacia centros poblados. Entre las herramientas más destacadas se encuentra la incorporación del Boeing 737 Fireliner, el avión hidrante más grande de Latinoamérica, con capacidad para descargar 15.000 litros de agua en un solo vuelo. A pesar de estos esfuerzos, el fuego ha mostrado un comportamiento errático debido a las altas temperaturas y las ráfagas de viento, lo que obligó en los últimos días a la evacuación preventiva de localidades como El Pedregoso y al cierre temporal de tramos estratégicos de la Ruta 40.
La investigación sobre el origen del siniestro ha tomado un rumbo alarmante. Peritos del área de seguridad y brigadistas han confirmado el hallazgo de restos de combustible en los puntos iniciales donde se detectaron las llamas, lo que refuerza la hipótesis de un acto deliberado e intencional. Las autoridades provinciales han calificado este evento como “la peor tragedia ambiental en 20 años” para Chubut, enfatizando que el daño al bosque nativo y a la biodiversidad de la Comarca Andina tardará décadas en recuperarse, independientemente de la extinción física de las llamas.
Desde el análisis experto, se advierte que la reducción presupuestaria en programas de prevención forestal ha dejado a las provincias patagónicas en una situación de extrema vulnerabilidad. La falta de mantenimiento de picadas cortafuegos y el déficit en la renovación de equipamiento terrestre han sido señalados por sindicatos de brigadistas como factores que permitieron que focos pequeños se transformaran en incendios de interfase incontrolables. Esta situación ha reavivado el debate sobre la necesidad de una Ley de Humedales y de presupuestos nacionales blindados para catástrofes climáticas que, como esta, tienen un impacto económico directo en el turismo y la producción local.
El drama social se manifiesta en los más de 3.000 evacuados que han tenido que abandonar sus hogares y emprendimientos turísticos en plena temporada alta. La pérdida de viviendas en zonas rurales de Epuyén y Puerto Patriada ha generado una movilización solidaria en toda la provincia, mientras los pobladores denuncian una sensación de abandono frente a una crisis que se repite con cada verano más seco. Las pérdidas económicas para el sector turístico se estiman millonarias, afectando la principal fuente de ingresos de la región durante el mes de enero.
Hacia el futuro, el pronóstico meteorológico sigue siendo el mayor desafío, con temperaturas que se mantienen por encima de la media estacional. El cierre de los operativos de extinción definitiva dependerá de una tregua climática que permita a los brigadistas trabajar por tierra en los focos que aún permanecen activos en la alta montaña. La proyección final de hectáreas quemadas podría superar las 15.000 si no se logra contener el avance en las próximas 48 horas, lo que obligará a una reestructuración profunda de las políticas de manejo de fuego a nivel federal.





