El Poder Ejecutivo Nacional ha definido una hoja de ruta crítica para el mes de febrero con el objetivo de consolidar la confianza de los mercados internacionales. La convocatoria a sesiones extraordinarias en el Congreso no solo busca avanzar con una agenda legislativa pendiente, sino fundamentalmente enviar una señal de gobernabilidad y sostenibilidad fiscal. En los despachos oficiales, la meta es clara: lograr que el indicador de riesgo país, elaborado por JP Morgan, quiebre la barrera de los 500 puntos básicos, un umbral que permitiría a la Argentina vislumbrar un retorno más fluido a los mercados voluntarios de deuda.
Esta estrategia se fundamenta en la necesidad de ratificar reformas estructurales que el mercado financiero considera esenciales para garantizar el superávit fiscal a largo plazo. Según fuentes del Palacio de Hacienda, la aprobación de los proyectos que se enviarán al Parlamento actuaría como un catalizador para la compresión de tasas de los bonos soberanos. La administración central entiende que, tras el ordenamiento de las variables macroeconómicas básicas, la validación política de las medidas es el último escalón para estabilizar la prima de riesgo en niveles similares a los de otros países de la región con economías emergentes.
El contexto económico actual muestra una dualidad: mientras la inflación mantiene una tendencia a la baja y los activos financieros argentinos han experimentado un rally alcista, el riesgo país sigue operando en una zona de resistencia. Analistas financieros sostienen que el mercado ya ha “descontado” el ajuste fiscal inicial, pero aún mantiene cautela respecto a la capacidad del Gobierno para construir consensos legislativos. Por ello, el éxito de las sesiones de febrero es visto por los inversores como un termómetro de la solidez institucional del programa económico vigente.
Desde el ámbito político, el desafío no es menor. El oficialismo deberá articular acuerdos con sectores de la oposición dialoguista para asegurar el tratamiento de iniciativas que impactan directamente en la eficiencia del Estado y la desregulación económica. Informes de consultoras privadas sugieren que un fracaso legislativo en este tramo del año podría revertir la tendencia positiva de los bonos globales, incrementando la volatilidad y postergando el objetivo de financiamiento externo necesario para fortalecer las reservas del Banco Central.
La importancia de perforar los 500 puntos trasciende lo simbólico; tiene implicancias directas en el sector privado. Una reducción significativa del riesgo soberano suele traducirse en una baja del costo de financiamiento para las empresas argentinas que buscan invertir en proyectos de infraestructura, energía y minería. En este sentido, la Cámara de Exportadores y diversas entidades bancarias han manifestado que la estabilidad macroeconómica requiere de este hito financiero para dinamizar el crédito interno y potenciar la reactivación de la actividad económica real.
Hacia adelante, el éxito de esta ofensiva legislativa determinará el clima financiero del primer trimestre de 2026. Si el Congreso acompaña las reformas y el mercado responde con la esperada baja del riesgo país, el Gobierno habrá dado un paso decisivo hacia la normalización financiera total. En caso contrario, la administración deberá recalibrar su estrategia para convencer a los tenedores de bonos de que el compromiso con el equilibrio fiscal es inalterable, independientemente de los tiempos parlamentarios y las tensiones políticas propias de un año de gestión.





