El mercado automotor argentino presenta una paradoja estructural que afecta a miles de ahorristas en todo el país. Según datos recientes del sector, apenas 4 de cada 10 suscriptores de planes de ahorro logran completar el proceso y retirar su unidad 0km. A pesar de este bajo índice de efectividad en la entrega, esta modalidad de compra continúa representando más del 25% de las matriculaciones totales del mercado. Esta brecha entre la suscripción y la posesión efectiva del vehículo pone de manifiesto las dificultades de financiación y la pérdida de poder adquisitivo frente al aumento constante de las cuotas de mantenimiento.
El fenómeno se explica, en gran medida, por la indexación de las cuotas al valor “móvil” del vehículo, lo que genera incrementos que muchas veces superan la evolución salarial de los suscriptores. Analistas del sector automotriz indican que muchos ahorristas utilizan el plan como una herramienta de capitalización forzosa en pesos, pero terminan vendiendo sus planes o dejando de pagar ante la imposibilidad de afrontar los gastos de retiro y patentamiento. Esta situación ha transformado al plan de ahorro en un instrumento financiero de resguardo de valor más que en un canal eficiente para el acceso real a la movilidad.
Desde la perspectiva de las terminales automotrices, el sistema de planes de ahorro sigue siendo un pilar fundamental para sostener los niveles de producción y ventas mayoristas. Al representar una cuarta parte del mercado, las empresas dependen de esta masa de suscriptores para garantizar un flujo de caja constante. No obstante, cámaras de concesionarios advierten que el alto nivel de deserción en los planes genera un mercado secundario de “planes caídos” que, si bien ofrece oportunidades para inversores, refleja la frustración del consumidor final que busca su primer vehículo.
Las implicancias económicas de este escenario son profundas, especialmente en un contexto de inflación que presiona los precios de lista mensualmente. La Justicia ha intervenido en diversas jurisdicciones mediante medidas cautelares para frenar aumentos desmedidos en las cuotas, lo que ha generado una tensión jurídica entre los ahorristas, las administradoras de planes y los fabricantes. Expertos legales en derecho del consumidor sugieren que el sistema requiere una reforma profunda que otorgue mayor previsibilidad y límites a la variabilidad de las cuotas para evitar que el sueño del auto propio se convierta en una carga financiera insostenible.
Por otro lado, la comparación con el crédito prendario tradicional revela la falta de alternativas de financiación bancaria competitivas. Mientras que en otros mercados el crédito bancario es la vía principal de adquisición, en Argentina el plan de ahorro ha ocupado ese vacío debido a las barreras de entrada de los préstamos bancarios. Sin embargo, la baja tasa de adjudicación exitosa demuestra que el sistema actual no está cumpliendo con su función social de facilitar el acceso a bienes durables para la clase media trabajadora.
El futuro del sector dependerá de la estabilización macroeconómica y de la posible reaparición de créditos bancarios con tasas reales positivas pero pagables. Si la tendencia actual persiste, es probable que la modalidad de planes de ahorro deba evolucionar hacia esquemas más flexibles o con mayores garantías para el suscriptor. La sostenibilidad del mercado automotor no puede cimentarse indefinidamente sobre un sistema donde la mayoría de los aportantes no llega a recibir el bien por el que está pagando, planteando un desafío ético y comercial para las marcas líderes.





