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GUÍA NUTRICIONAL ANTE LA OLA DE CALOR: RECOMENDACIONES CALÓRICAS SEGÚN LA EDAD PARA EL VERANO 2026

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Frente a las temperaturas extremas que están caracterizando el presente verano, especialistas en nutrición han emitido una serie de recomendaciones sobre la ingesta calórica adecuada para mantener la salud y prevenir golpes de calor. El aumento de la temperatura ambiental no solo afecta la hidratación, sino que altera el metabolismo y la demanda energética del cuerpo humano. Ajustar la dieta según la edad y el nivel de actividad física se ha vuelto una necesidad imperativa para evitar descompensaciones y asegurar un funcionamiento óptimo del organismo.

Para los niños y adolescentes, cuyo metabolismo es más activo, los nutricionistas sugieren una dieta rica en nutrientes pero menos densa en calorías pesadas. Según informes de organismos de salud pública, es crucial que este grupo mantenga un consumo elevado de frutas y verduras frescas que aporten agua y electrolitos. Aunque sus necesidades energéticas son altas debido al crecimiento, el calor extremo sugiere reducir el consumo de grasas saturadas y azúcares procesados, que aumentan la termogénesis y pueden provocar una sensación de letargo mayor durante las horas pico de sol.

En el caso de los adultos, el enfoque principal debe ser el equilibrio y la hidratación constante. De acuerdo con expertos del sector salud, la ingesta calórica promedio debería reducirse levemente durante los días de calor intenso, priorizando proteínas magras y granos integrales. La digestión de comidas copiosas genera un calor interno adicional que el cuerpo debe compensar, lo que puede sobrecargar el sistema cardiovascular en condiciones de alta temperatura. Se recomienda distribuir la ingesta en porciones pequeñas y frecuentes para mantener estables los niveles de azúcar en sangre sin forzar el sistema digestivo.

Los adultos mayores representan el grupo de mayor riesgo y, por ende, requieren una atención nutricional especializada. Con la edad, la sensación de sed disminuye, lo que aumenta el peligro de deshidratación. Los geriatras aconsejan dietas líquidas o semilíquidas, como gazpachos, cremas frías y batidos naturales, que faciliten la absorción de nutrientes sin requerir un gran esfuerzo metabólico. En esta etapa, el control de calorías debe ser riguroso para evitar la pérdida de masa muscular, pero siempre bajo un esquema de hidratación forzada.

Desde una perspectiva técnica, el metabolismo basal cambia con el calor. El cuerpo utiliza más energía para intentar enfriarse (mediante la sudoración y la vasodilatación), pero simultáneamente tendemos a disminuir la actividad física, lo que reduce el gasto calórico total. Por ello, la adaptación de la dieta no es solo una cuestión de peso, sino de seguridad biológica. Nutricionistas clínicos subrayan que ignorar estas adaptaciones estacionales puede derivar en problemas crónicos de digestión, fatiga extrema e incluso fallos renales en casos de deshidratación severa.

Como conclusión, la gestión de la alimentación durante el verano 2026 debe ser entendida como una herramienta de prevención sanitaria. La clave reside en la flexibilidad y la escucha activa de las señales del cuerpo, apoyadas por el asesoramiento profesional. A medida que los veranos se vuelven más intensos debido al cambio climático, la educación nutricional se perfila como un pilar fundamental para la resiliencia ciudadana, permitiendo que la población disfrute de la temporada estival de manera segura y saludable.

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