La administración de Javier Milei ultima los detalles de su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), un foro donde la Argentina buscará consolidar su nuevo perfil en la geopolítica global. En esta edición, el enfoque del Gobierno estará puesto en profundizar la cooperación estratégica con Israel y el Reino Unido, dos aliados clave en materia de inteligencia, defensa y ciberseguridad. Este movimiento representa un giro radical en la política exterior del país, priorizando la integración con las democracias occidentales y los principales actores de la seguridad internacional en un contexto global marcado por la inestabilidad en Europa y Medio Oriente.
De acuerdo a fuentes de la Cancillería, la agenda en Múnich contempla reuniones bilaterales de alto nivel destinadas a la adquisición de tecnología de defensa y el intercambio de protocolos antiterroristas. Con Israel, el interés central reside en los sistemas de vigilancia de fronteras y la cooperación en ciberdefensa, sectores donde el país hebreo es líder mundial. Con Gran Bretaña, el acercamiento busca trascender la disputa histórica por las Islas Malvinas para explorar áreas de beneficio mutuo, como el control de la pesca ilegal en el Atlántico Sur y la cooperación en misiones de paz, lo que marca un pragmatismo diplomático que ha generado debate en el Congreso nacional.
Analistas internacionales sostienen que la presencia argentina en este foro es un mensaje directo a la comunidad internacional sobre el abandono de la neutralidad tradicional del país. Al alinearse de forma tan explícita con las potencias que integran la arquitectura de seguridad de la OTAN, Argentina busca posicionarse como un “socio global” confiable para las inversiones y la estabilidad regional. Este posicionamiento importa no solo por la seguridad interior, sino también como una herramienta de negociación económica, vinculando la alineación política con la apertura de mercados y el apoyo en organismos multilaterales de crédito.
El contexto de la conferencia es crítico: la guerra en Ucrania y las tensiones en el Mar Rojo dominan la discusión. Argentina planea ofrecer su capacidad como proveedor seguro de energía y alimentos, pero ahora bajo un marco de protección de rutas comerciales compartido con sus nuevos socios. El Ministerio de Seguridad y el de Defensa han trabajado en conjunto para presentar informes sobre la influencia de actores externos en la región, buscando financiamiento para la modernización de las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad federales bajo estándares internacionales de transparencia y eficacia.
Desde el punto de vista político, este alineamiento con Israel y Gran Bretaña refuerza la narrativa oficial de pertenencia al “mundo libre”. Sin embargo, expertos advierten que esta estrategia conlleva riesgos, como la posible pérdida de espacios de interlocución con bloques que no comparten esta visión o la reactivación de tensiones en foros regionales latinoamericanos. No obstante, el Ejecutivo considera que los beneficios en términos de inteligencia criminal y prevención de amenazas transnacionales superan ampliamente los costos diplomáticos de la polarización internacional.
La proyección de la participación argentina en Múnich apunta a sentar las bases de acuerdos bilaterales que se firmarán a lo largo de 2026. Se espera que, tras el foro, se anuncien ejercicios militares conjuntos y programas de capacitación especializada para las fuerzas locales. En última instancia, la meta del Gobierno es que Argentina deje de ser un espectador en las discusiones globales de seguridad para convertirse en un actor proactivo, capaz de atraer tecnología de punta y blindar su territorio contra las nuevas amenazas del siglo XXI.





