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Pánico en las aulas de Canadá: Estudiantes atrapados llamaron a sus familias durante el ataque

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Una persona causó nueve muertos y una treintena de heridos el martes al abrir fuego en una escuela y una vivienda cercana de una localidad remota del oeste de Canadá, antes de suicidarse, informaron las autoridades.

La prensa canadiense difundió una “alerta de emergencia” de la policía en la que se mencionaba como sospechosa a “una mujer de cabello castaño y que llevaba un vestido”, aunque la información no ha sido confirmada oficialmente hasta el momento.

El ataque, poco común en Canadá, ocurrió en Tumbler Ridge, un pequeño pueblo de 2.300 habitantes al pie de las Montañas Rocosas, en la provincia de Columbia Británica

Un total de 27 personas resultaron heridas, dos de gravedad, indicó la Real Policía Montada de Canadá (RCMP) en un comunicado.

“Mi hijo menor acaba de terminar la secundaria (…). Mi hija mayor trabaja a 300 metros del colegio. Una vez más, faltó muy poco”, dijo a la AFP, visiblemente afectado, Trent Ernst, un periodista local y antiguo profesor suplente en el instituto de Tumbler Ridge.

“En Canadá, los tiroteos en escuelas ocurrían cada varios años, a diferencia de Estados Unidos, donde se registran cada pocos días (…). Pero cuando sucede en tu propia ciudad, todo se desmorona”, añadió Ernst.

Ken Floyd, un responsable de la policía canadiense, fue cauto al atribuir los disparos, aunque confirmó que el tirador era efectivamente la persona mencionada en la alerta.

“Mis oraciones y más profundas condolencias para todas las familias y amigos que han perdido a sus seres queridos por estos horrorosos actos de violencia”, escribió en redes sociales el primer ministro canadiense, Mark Carney, quien se declaró “devastado” por los hechos.

El jefe de gobierno canceló un viaje que iba a realizar esta semana a Europa para participar en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Es la segunda matanza registrada en Columbia Británica en menos de un año. En abril de 2025, un hombre mató a 11 personas en Vancouver al embestir con su camión a una multitud que celebraba un festival cultural filipino.

Pero, a diferencia de lo que ocurre al sur de la frontera, en Estados Unidos, este tipo de ataques sigue siendo excepcional en las escuelas canadienses.

Tumbler Ridge es conocida por su turismo al aire libre, gracias a la cercanía de las montañas y de un parque geológico.

Darian Quist, un estudiante del establecimiento, contó a la cadena pública CBC que estaba en clase cuando se les anunció un confinamiento. Al principio no sabía si era algo grave hasta que comenzó a recibir fotos “terribles” de la matanza en su escuela.

“Bloqueamos las puertas con mesas durante más de dos horas”, hasta que la policía llegó para escoltarlos fuera del edificio.

“Uno piensa que estas cosas nunca pasan”, dijo su madre, Shelley Quist, muy emocionada. “No voy a perderlo de vista durante un buen tiempo”, añadió sobre su hijo, que salió ileso.

Su madre, Shelley Quist, comentó al mismo medio que se enteró de la situación en su trabajo, ubicado en el hospital cercano. Desde su oficina pudo observar una presencia masiva de vehículos policiales y de emergencia.

La tensión llegó al punto de ver a un agente de la Policía Montada con el arma desenfundada en el estacionamiento, lo que la llevó a llamar a su hijo y pedirle que no cortara la comunicación en ningún momento.

Shelley señaló que su empleador permitió salir a quienes tenían hijos en la escuela, ante la gravedad de lo que calificó como una posible situación de tirador activo.

Ya en casa, siguió en contacto con Darian por teléfono, mientras en la línea se escuchaban las maniobras policiales para sacar a los estudiantes: “Podía oír cómo la policía pateaba la puerta del aula de mi hijo”.

Al confirmar que la evacuación había comenzado, salió de su vivienda ubicada a una cuadra del centro comunitario, adonde acudió apresurada para asegurarse del estado de su hijo, y no recuperó la calma hasta verlo en persona.

“Había un agente de la Policía Montada agachado en nuestro estacionamiento, con su arma desenfundada”, relató Shelley Quist, tras recordar uno de los momentos más angustiantes de la jornada.

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