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CRISIS POLICIAL EN SANTA FE: EL GOBIERNO PROMETE FRENAR SANCIONES PARA DESACTIVAR LA PROTESTA

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La provincia de Santa Fe atraviesa una jornada de alta tensión institucional debido a una serie de protestas encabezadas por efectivos policiales y sus familias. Ante el riesgo de una parálisis en la seguridad pública, las autoridades provinciales han instado al levantamiento inmediato de las medidas de fuerza, ofreciendo como garantía el cese de los pases a disponibilidad de los agentes involucrados. El conflicto, que tiene su epicentro en reclamos salariales y de condiciones laborales, ha puesto a prueba la capacidad de negociación del Ejecutivo santafesino.

El Ministerio de Seguridad provincial emitió un comunicado oficial en el que se compromete a no aplicar nuevas sanciones disciplinarias, siempre y cuando se restablezca el servicio de patrullaje y vigilancia de manera normal. Los representantes de los efectivos manifiestan que la presión interna y las bajas por disponibilidad han generado un clima de incertidumbre que afecta el desempeño de la fuerza. La promesa de “paz administrativa” busca abrir un canal de diálogo que permita abordar las demandas de fondo sin comprometer la seguridad de la ciudadanía.

Expertos en seguridad interna señalan que este tipo de conflictos en Santa Fe revisten una gravedad institucional particular, dada la compleja situación de violencia urbana vinculada al narcotráfico que afecta a ciudades como Rosario. Una policía desarticulada o en conflicto directo con el poder político es un escenario que los grupos criminales suelen aprovechar para expandir su control territorial. Por ello, la resolución rápida del conflicto se ha convertido en una prioridad absoluta para la administración de la provincia y para el Ministerio de Seguridad de la Nación.

Desde los sectores gremiales vinculados a las fuerzas de seguridad —aunque no formalmente reconocidos— se sostiene que el malestar no se limita únicamente a lo económico, sino también a la falta de equipamiento y el desgaste psicológico de las tropas. El compromiso gubernamental de frenar los pases a disponibilidad es visto como un primer paso, pero los portavoces de la protesta advierten que se requieren soluciones estructurales para evitar que el conflicto recrudezca en las próximas semanas. El equilibrio entre el orden jerárquico y la atención a los reclamos laborales es sumamente delicado.

En el ámbito político, la oposición ha seguido de cerca el desarrollo de los acontecimientos, cuestionando la gestión de la crisis por parte del gobernador. Se han solicitado informes sobre el estado de las negociaciones y el impacto real de la protesta en la cobertura de seguridad de las zonas más críticas. Mientras tanto, el Ministerio de Gobierno trabaja en una mesa de diálogo que incluya mejoras en las asignaciones por servicios extraordinarios y una revisión de la infraestructura de las comisarías y destacamentos.

La proyección de este conflicto indica que, si bien la promesa de evitar sanciones podría despejar la urgencia, el malestar subyacente permanecerá latente si no se concreta un aumento salarial que compense la pérdida del poder adquisitivo. El desenlace de esta crisis en Santa Fe será observado por otras fuerzas policiales del país, que enfrentan problemáticas similares. La capacidad del Estado para mantener la autoridad sobre sus fuerzas de seguridad, al tiempo que garantiza condiciones de vida dignas para sus integrantes, será el gran desafío político de los próximos meses.

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