El presidente Javier Milei se prepara para inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias el próximo 1 de marzo, en un escenario político que marca un punto de inflexión para su administración. Tras un inicio de año caracterizado por la profundización de su programa económico, la expectativa se centra en el discurso ante la Asamblea Legislativa, donde se espera que el mandatario no solo ratifique el rumbo de sus reformas, sino que exponga la nueva configuración de poder en un Congreso donde las mayorías tradicionales parecen haberse disuelto. Este evento no es un acto protocolar más; representa la puesta en escena de una “nueva hegemonía” que busca desplazar definitivamente los ejes del debate político argentino.
El núcleo del mensaje presidencial estará enfocado en un ambicioso paquete de reformas estructurales que el Ejecutivo enviará en las próximas semanas. Fuentes gubernamentales sugieren que el enfoque estará puesto en la modernización del Estado, la desregulación de sectores clave de la economía y cambios profundos en el sistema laboral y tributario. Para Milei, el respaldo obtenido en las últimas mediciones de opinión pública actúa como un blindaje político que le permite presionar a las cámaras legislativas, exigiendo celeridad en el tratamiento de leyes que considera vitales para sostener la estabilidad macroeconómica alcanzada en el último bienio.
En el plano político, el discurso encuentra a un peronismo sumergido en una crisis de liderazgo y representación sin precedentes. La denominada “desbandada” del bloque opositor ha dejado un vacío que el oficialismo ha sabido capitalizar mediante alianzas estratégicas con gobernadores y sectores dialoguistas. Analistas parlamentarios coinciden en que la fragmentación del bloque de Unión por la Patria dificulta la articulación de una resistencia sólida, permitiendo que la agenda de La Libertad Avanza domine el calendario legislativo sin los obstáculos que marcaron el primer año de gestión.
Desde el ámbito económico, se espera que el mandatario presente datos duros sobre la reducción del déficit fiscal y la desaceleración inflacionaria como trofeos de su modelo. Sin embargo, el desafío técnico reside en cómo estas variables se traducen en una recuperación del consumo y del empleo formal, puntos que la oposición intentará señalar como debilidades del esquema libertario. La mirada de los mercados internacionales también estará puesta en el recinto, buscando señales de sostenibilidad política a largo plazo que garanticen que las reformas no serán revertidas en el próximo ciclo electoral.
La dinámica dentro del recinto promete ser tensa, reflejando la polarización que aún persiste en ciertos sectores de la sociedad. Mientras el oficialismo prepara una movilización digital y física para respaldar al presidente, los sectores sociales y sindicales monitorean de cerca los anuncios sobre posibles ajustes adicionales en subsidios o programas de asistencia. El rol de la vicepresidenta Victoria Villarruel será crucial para moderar el debate y garantizar que la jornada se desarrolle bajo los carriles institucionales, en un contexto donde cada gesto gestual y cada palabra del presidente será analizada bajo lupa por el arco político nacional e internacional.
Hacia adelante, la apertura de sesiones de 2026 marcará el inicio de un año legislativo donde la capacidad de negociación del Gobierno será puesta a prueba. Si Milei logra transformar su retórica de “nueva hegemonía” en leyes concretas,





