El escenario financiero argentino ha ingresado en una fase de alta volatilidad operativa, quedando atrapado en un “fuego cruzado” entre la incertidumbre política y la necesidad de ajuste macroeconómico. En las últimas jornadas de diciembre de 2025, la demanda de dólares financieros y el billete informal han vuelto a capturar la atención de los inversores, rompiendo una tendencia de relativa calma que se había mantenido durante el último trimestre. Este repunte en la dolarización de carteras responde a una combinación de factores estacionales y una percepción de riesgo creciente sobre la sostenibilidad del esquema cambiario vigente.
Según operadores del mercado de capitales de la City porteña, la presión se ha intensificado debido a la liquidación de posiciones en pesos por parte de fondos comunes de inversión que buscan cubrirse de cara al inicio del próximo año. El cierre del ejercicio anual suele generar movimientos técnicos, pero en esta ocasión se suma una desconfianza latente sobre la capacidad del Banco Central para acumular reservas internacionales en un contexto de precios de commodities agrícolas a la baja. La brecha cambiaria, que se había mantenido estable, ha comenzado a ensancharse nuevamente, enviando señales de alerta sobre la inflación futura.
Analistas económicos coinciden en que el mercado está reaccionando a las inconsistencias entre las tasas de interés reales y el ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. Mientras el Gobierno intenta mantener un ancla nominal para contener los precios, la demanda de divisas para el pago de importaciones y compromisos de deuda externa ejerce una presión que los expertos califican como “difícil de esterilizar sin costos recesivos”. Un informe reciente de una destacada consultora financiera local advierte que, de no mediar una señal fiscal más contundente, el mercado seguirá buscando refugio en el dólar como activo de resguardo.
El componente político también juega un rol determinante en este “fuego cruzado”. Las discusiones legislativas sobre el presupuesto y las tensiones entre el Poder Ejecutivo y las provincias han generado un clima de incertidumbre que se traslada directamente a los precios de los bonos soberanos. La caída en las cotizaciones de los títulos públicos en dólares ha elevado el Riesgo País, encareciendo aún más el acceso a financiamiento internacional. Para los inversores, la falta de una hoja de ruta clara respecto a la salida del control de cambios (cepo) actúa como un techo para cualquier recuperación sostenida de los activos argentinos.
Desde el sector comercial, la preocupación radica en cómo este renovado apetito por el dólar impactará en la estructura de costos de cara a 2026. La historia económica reciente sugiere que los saltos en los tipos de cambio paralelos suelen trasladarse, parcial o totalmente, a los precios de góndola, dificultando el cumplimiento de las metas inflacionarias previstas por el Ministerio de Economía. Las empresas enfrentan hoy el dilema de reponer inventarios con precios de referencia inciertos, lo que tiende a paralizar la oferta de ciertos bienes durables y semi-durables en el corto plazo.
El cierre de año se perfila como un período de resistencia para el programa económico oficial. La capacidad del Banco Central para intervenir en los mercados financieros será puesta a prueba, mientras el mercado aguarda definiciones sobre la negociación de nuevos fondos con organismos internacionales. Si la demanda de dólares se mantiene en el centro de la escena, el desafío para las autoridades será evitar que la volatilidad financiera derive en una crisis de confianza que afecte la actividad económica real en el inicio del nuevo ciclo anual.





