La edición 2026 del Rally Dakar ha vuelto a demostrar por qué es considerada la competencia más extrema del planeta tras un grave accidente protagonizado por representantes argentinos en una de las etapas más complejas del desierto. El vehículo, que venía cumpliendo una actuación destacada en la clasificación general, sufrió un vuelco de alta intensidad tras impactar contra una duna de gran altura no señalizada adecuadamente en el “roadbook”. El incidente, que generó una activación inmediata de los protocolos de emergencia de la organización, ha conmocionado al vivac y a la comunidad del automovilismo nacional.
El siniestro ocurrió en un tramo de navegación crítica, donde las condiciones de visibilidad y la consistencia del terreno suelen jugar pasadas traumáticas incluso a los pilotos más experimentados. Según los primeros reportes técnicos del equipo de rescate de la ASO (Amaury Sport Organisation), el impacto provocó daños estructurales severos en la unidad, haciendo imposible su continuidad en la carrera. A pesar de la espectacularidad del vuelco, los sistemas de seguridad del habitáculo, incluyendo la jaula antivuelco y los dispositivos de retención HANS, funcionaron correctamente, preservando la integridad física de los deportistas.
De acuerdo a declaraciones de expertos en seguridad vial deportiva presentes en el terreno, este tipo de accidentes subraya el riesgo constante al que se exponen los competidores en el “Empty Quarter”. Los médicos que asistieron al binomio en el lugar del hecho confirmaron que, si bien ambos tripulantes fueron trasladados preventivamente a un centro asistencial para realizar estudios de mayor complejidad, se encuentran fuera de peligro. Sin embargo, el dolor por el retiro forzado de la competencia es evidente, dado el esfuerzo logístico y económico que implica participar en la cita mundialista.
La baja de este vehículo representa una pérdida sensible para la delegación argentina en el Dakar 2026, que buscaba sostener el protagonismo obtenido en años anteriores. Analistas especializados en rally raid destacan que el nivel de exigencia de esta edición ha sido superior a las precedentes, con etapas maratón que no dan tregua a la mecánica ni al estado físico de los competidores. La pérdida de este exponente nacional reduce las posibilidades de podio para el país en una categoría donde tradicionalmente se ha tenido una presencia dominante.
Desde el punto de vista mecánico, el “palazo” —como se denomina coloquialmente en el ambiente a estos impactos— dejó en evidencia la violencia del terreno. Los restos del vehículo fueron recuperados por los camiones de asistencia tras una compleja maniobra en la arena profunda. Integrantes del equipo técnico señalaron que se realizará un peritaje interno para determinar si existió una falla en la lectura del terreno o si se trató de una de las trampas naturales que el desierto impone de manera aleatoria, factores que definen el destino de los pilotos en esta carrera.
A pesar de la amargura por el abandono, la resiliencia que caracteriza a los pilotos argentinos en el Dakar ya comienza a proyectarse hacia el futuro. La reflexión final de este incidente gira en torno a la delgada línea que separa la gloria del fracaso en el automovilismo de resistencia. Mientras los tripulantes inician su proceso de recuperación, el resto de la armada argentina continúa batallando en las dunas, llevando consigo la experiencia de este suceso como un recordatorio de que, en el Dakar, el primer objetivo siempre es completar la etapa y llegar a salvo al campamento.





