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EL MERCADO FINANCIERO EVALÚA EL FUTURO DEL DÓLAR TRAS EL PAGO DE DEUDA Y LA NUEVA ESTRATEGIA OFICIAL

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Tras la concreción del pago de vencimientos de deuda por aproximadamente 4.230 millones de dólares a bonistas, el escenario cambiario en Argentina entra en una fase de observación crítica por parte de inversores y analistas económicos. El Gobierno de Javier Milei logró cumplir con estos compromisos financieros sin recurrir al uso directo de las reservas líquidas del Banco Central, gracias a la implementación de una ingeniería financiera que incluyó un préstamo REPO con bancos internacionales y un canje de bonos. Esta maniobra ha logrado despejar, en el corto plazo, los fantasmas de un posible default, estabilizando temporalmente las expectativas del mercado.+1

La atención de los operadores se centra ahora en el comportamiento del tipo de cambio y la efectividad de las bandas de flotación. Según informes del Ministerio de Economía, el objetivo es mantener una devaluación administrada que acompañe la desaceleración de la inflación, buscando evitar un atraso cambiario que comprometa la competitividad de las exportaciones. Para el mes de enero, se proyecta que el techo de las bandas cambiarias se ajuste en torno al 2,47%, reflejando el índice de precios al consumidor de periodos previos, una señal clara de que el Ejecutivo apuesta por la previsibilidad.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central sugiere que el dólar oficial podría cerrar el año 2026 cerca de los $1.750, lo que implicaría un ajuste anual cercano al 21%. Sin embargo, esta proyección está sujeta a la capacidad del Gobierno para mantener el superávit fiscal y seguir acumulando reservas. Analistas del sector bancario advierten que, si bien el pago de enero fue un éxito técnico, la carga de vencimientos para 2027, que incluirá la devolución del préstamo REPO, obligará al país a recuperar el acceso a los mercados voluntarios de deuda para evitar nuevas tensiones cambiarias.

En la City porteña, el dólar “blue” y las cotizaciones financieras (MEP y CCL) han mostrado una relativa calma tras los anuncios, aunque persiste una brecha cambiaria que sigue siendo el principal desafío para la unificación total del mercado. La reducción del riesgo país, que se ubicó cerca de los 580 puntos, es vista como una señal positiva, pero insuficiente en comparación con los niveles de financiamiento de países vecinos como Uruguay o Chile. El ingreso de divisas por la cosecha gruesa y el desempeño del sector energético serán factores determinantes para sostener la oferta de dólares durante el primer semestre.

Desde la perspectiva del sector industrial y comercial, la evolución del dólar es seguida con cautela por su incidencia directa en la estructura de costos y en los precios internos. Un informe de consultoras privadas destaca que cualquier movimiento brusco en la banda cambiaria podría reavivar la inercia inflacionaria que el Gobierno busca domar. Por lo tanto, el Banco Central mantendrá su postura de intervención en los márgenes de la banda para evitar la volatilidad, utilizando las herramientas de absorción monetaria para retirar excedentes de pesos del sistema.

Hacia adelante, el éxito de la política cambiaria dependerá de la consolidación de las reformas estructurales y de la evolución del contexto internacional, especialmente en lo referido a las tasas de interés y los precios de las commodities. El pago de la deuda ha otorgado un “aire” necesario al equipo económico, pero la hoja de ruta para 2026 exige una precisión quirúrgica para evitar que la demanda de divisas supere la capacidad de generación de la economía. El mercado aguarda señales más claras sobre la salida definitiva del cepo, un hito que marcaría el inicio de una nueva etapa para la moneda nacional.

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