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MÁXIMA TENSIÓN EN EL FÚTBOL ESPAÑOL POR EL GESTO DE MBAPPÉ TRAS LA FINAL DE LA SUPERCOPA

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La reciente final de la Supercopa de España, que culminó con la victoria del FC Barcelona por 3-2 sobre el Real Madrid, ha dejado una secuela de controversia que trasciende lo deportivo. El centro de la polémica es Kylian Mbappé, quien tras recibir la medalla de subcampeón, realizó gestos de evidente molestia e instó a sus compañeros a retirarse rápidamente hacia los vestuarios. Este comportamiento fue interpretado como un intento deliberado de evitar el tradicional “pasillo de honor” al conjunto catalán, un gesto de deportividad profundamente arraigado en la cultura del fútbol español, lo que ha generado una ola de críticas en diversos sectores.+2

Joan Laporta, presidente del Barcelona, no tardó en manifestar su descontento ante lo ocurrido en el estadio King Abdullah Sports City de Yeda. En declaraciones radiales, el directivo calificó la actitud del delantero francés como sorprendente y poco generosa, señalando que “en la victoria y en la derrota hay que ser respetuoso”. Laporta ironizó sobre el estado anímico de los jugadores madridistas, sugiriendo que “debían estar muy jodidos” al verse superados en el campo por su eterno rival, e hizo un llamado a mantener comportamientos normales dentro de la alta competencia.

Desde el entorno del Real Madrid, la versión sobre los hechos intenta matizar la reacción de Mbappé. Fuentes del club blanco sugieren que el futbolista arrastraba una gran frustración personal, no solo por el resultado, sino por haber forzado su estado físico debido a una lesión de rodilla para poder participar en el encuentro. En la Casa Blanca sostienen que no hubo una directriz institucional para faltar al respeto al campeón, sino que se trató de una reacción emocional individual en un momento de máxima tensión competitiva, tras perder una final decisiva ante el principal competidor.

El impacto de este incidente ha calado hondo en la prensa deportiva europea, que analiza el liderazgo de Mbappé dentro del vestuario merengue. Algunos analistas sostienen que su gesto de ordenar la retirada del equipo refleja un exceso de autoridad que podría generar roces internos, mientras que otros lo ven como una muestra de su carácter ultra-competitivo. Lo cierto es que la imagen de la estrella francesa abandonando el campo sin saludar a sus colegas azulgranas ha sido replicada globalmente, alimentando la narrativa de una rivalidad que parece haber recuperado su faceta más ácida.

Este episodio se suma a una serie de fricciones previas entre ambos clubes durante la presente temporada de La Liga. La tensión en los despachos y en el campo de juego parece estar en su punto más alto de los últimos años. Expertos en marketing deportivo advierten que este tipo de polémicas, aunque generan interés inmediato, pueden perjudicar la imagen de marca de los jugadores involucrados si se perciben como una falta de etiqueta profesional ante una audiencia global que demanda valores de “fair play”.

El futuro inmediato deparará nuevos enfrentamientos entre Madrid y Barcelona, donde el comportamiento de Mbappé será observado con lupa. La Real Federación Española de Fútbol y los organismos de ética deportiva no han anunciado sanciones, dado que el pasillo es un acto protocolario no obligatorio, pero el daño a la imagen de concordia institucional está hecho. La reflexión final recae sobre la responsabilidad de las figuras mundiales como referentes de conducta para las nuevas generaciones, en un deporte donde la línea entre la pasión y la falta de respeto es cada vez más delgada.

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