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EL GOBIERNO NACIONAL BUSCA CONSOLIDAR EL RESPALDO EN EL SENADO PARA BLINDAR EL DNU DE LA SIDE

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En una jornada clave para la agenda de seguridad y transparencia institucional, el Poder Ejecutivo nacional ha intensificado las gestiones políticas para asegurar la vigencia del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reestructura la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Desde la Casa Rosada manifiestan un optimismo moderado respecto a la votación en la Cámara Alta, confiando en que han logrado articular los consensos necesarios con bloques aliados y sectores de la oposición dialoguista para evitar el rechazo de la medida, lo que representaría un duro golpe político para la gestión.

La estrategia oficialista se ha centrado en explicar la urgencia de dotar al organismo de inteligencia de mayores recursos y una estructura más ágil para enfrentar amenazas trasnacionales, como el narcotráfico y el terrorismo. Según fuentes parlamentarias, el Gobierno ha mantenido reuniones privadas con gobernadores y jefes de bloque para garantizar que los fondos reservados asignados a la SIDE cuenten con mecanismos de control parlamentario, una de las principales exigencias de la oposición para acompañar la iniciativa.

El debate sobre los gastos reservados ha sido el eje de la polémica en las últimas semanas. Mientras el Ejecutivo argumenta que la naturaleza de las operaciones de inteligencia impide la publicidad total de las partidas, diversos sectores legislativos han cuestionado la falta de auditoría sobre estos fondos. Para destrabar el conflicto, se analiza la posibilidad de fortalecer la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia, dándole facultades de supervisión en tiempo real para evitar desvíos discrecionales de dinero público.

Desde el punto de vista del análisis político, blindar este DNU es vital para el Gobierno, ya que la inteligencia se ha convertido en una pieza central de su doctrina de seguridad nacional. El Ministerio de Seguridad y la jefatura de gabinete han trabajado en conjunto para presentar un plan de modernización tecnológica que depende directamente de la ratificación de este decreto. Un revés en el Senado no solo anularía los cambios estructurales, sino que obligaría a dar marcha atrás con contratos internacionales ya iniciados en materia de ciberseguridad.

Por otro lado, la oposición más dura mantiene sus críticas, señalando que el decreto excede las facultades presidenciales y que una reforma de tal magnitud debería haber sido enviada como proyecto de ley al Congreso. No obstante, el oficialismo cree haber detectado fisuras en el bloque opositor, apelando a la “responsabilidad institucional” de aquellos senadores que representan a provincias con graves problemas de seguridad. La negociación por obras públicas y asistencia financiera también juega un rol implícito en la búsqueda de estos votos críticos.

El resultado de la sesión parlamentaria definirá el margen de maniobra del Ejecutivo para los próximos meses. Si el Gobierno logra blindar el DNU, se consolidará un modelo de gestión basado en la verticalidad de las decisiones de seguridad; de lo contrario, se abrirá una etapa de incertidumbre que obligará a una renegociación total con el Poder Legislativo. La atención está puesta en los senadores “independientes”, cuyo voto será el que finalmente incline la balanza en este capítulo fundamental de la política argentina actual.

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