El inicio del período de sesiones extraordinarias en el Congreso de la Nación se vio envuelto en una situación insólita que rápidamente escaló en el debate público y las redes sociales. Durante una reunión clave de comisión, la ausencia física de una senadora del bloque oficialista fue suplida por una gigantografía de cartón con su imagen, colocada estratégicamente en su banca. Este hecho, lejos de pasar desapercibido, generó una inmediata ola de críticas sobre el compromiso legislativo y la ética en el ejercicio de la función pública en un momento de alta sensibilidad política.
La protagonista de la controversia es una legisladora de La Libertad Avanza (LLA), quien se encuentra actualmente de vacaciones en la provincia de Salta mientras el cuerpo legislativo debate reformas estructurales enviadas por el Poder Ejecutivo. El uso de la figura de cartón no solo fue interpretado como un desplplante a las instituciones, sino también como un intento fallido de simular una presencialidad que, por reglamento, debe ser efectiva para el tratamiento de ciertos dictámenes. Fuentes parlamentarias señalaron que este tipo de “reemplazos” no tienen validez legal alguna en el proceso de votación o debate.
La reacción de la oposición no se hizo esperar, encabezada por figuras de peso dentro del arco político. El diputado Diego Santilli fue uno de los primeros en reaccionar, optando por una respuesta cargada de ironía que se volvió viral en cuestión de minutos. El legislador cuestionó la seriedad del oficialismo para afrontar la agenda parlamentaria, sugiriendo que la complejidad de los problemas nacionales requiere de representantes de “carne y hueso” y no de representaciones inanimadas que evaden la responsabilidad territorial y administrativa.
Analistas políticos coinciden en que este episodio refleja una preocupante falta de disciplina partidaria y una subestimación del protocolo institucional. En un contexto donde el Gobierno Nacional busca proyectar una imagen de austeridad y eficiencia, la ausencia de sus legisladores por motivos de ocio durante sesiones clave debilita su posición negociadora frente a otros bloques. Además, el uso de la gigantografía ha sido calificado por expertos en comunicación política como un error táctico que desvía la atención de los temas de fondo que afectan a la ciudadanía.
Desde el entorno de la senadora intentaron minimizar el impacto, argumentando que se trataba de una “acción simbólica” para demostrar que sus ideas seguían presentes a pesar de la distancia geográfica. Sin embargo, este argumento encontró poca recepción entre los constitucionalistas, quienes recordaron que el sueldo y las funciones de un senador están vinculados a la representación activa y al debate presencial, especialmente cuando se han convocado sesiones de carácter urgente para el país.
El futuro de este incidente podría derivar en sanciones administrativas o un pedido de explicaciones formal ante la Cámara Alta. Más allá de la anécdota visual, el suceso deja planteada una reflexión necesaria sobre la calidad democrática y el comportamiento de los nuevos cuadros políticos en Argentina. El impacto de estas imágenes en la opinión pública suele ser duradero, erosionando la confianza en una clase política que, en ocasiones, parece desconectada de las urgencias y el rigor que demanda su cargo.





