El presidente Javier Milei ha establecido una hoja de ruta estricta para la liberalización definitiva del mercado de divisas, señalando que la eliminación del actual esquema de bandas cambiarias no es un fin en sí mismo, sino una consecuencia de la estabilidad macroeconómica. En sus recientes declaraciones, el mandatario ratificó que el sistema de “crawling peg” y el margen de flotación actual se mantendrán hasta que desaparezca el excedente de pesos y se logre una convergencia real entre la inflación interna y la tasa de devaluación mensual. Para el Ejecutivo, la prioridad absoluta sigue siendo evitar saltos bruscos que pongan en riesgo la desaceleración de precios lograda en los últimos meses de gestión.
El esquema actual, que permite al dólar oscilar dentro de parámetros preestablecidos por la autoridad monetaria, ha sido defendido por el Palacio de Hacienda como una herramienta de previsibilidad necesaria. Según expertos del sector financiero, el Gobierno busca que el mercado perciba una “ancla” clara mientras se termina de limpiar el balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La condición fundamental impuesta por Milei es que la inflación núcleo se estabilice en niveles internacionales y que las reservas internacionales alcancen un nivel de robustez que permita absorber cualquier shock de demanda sin intervención estatal directa.
Desde el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, se ha enfatizado que no habrá una “apertura temeraria” del cepo ni una flotación libre sin red de contención. Los informes técnicos sugieren que, aunque existe presión de organismos internacionales para acelerar el proceso, el Gobierno prefiere un enfoque de “sintonía fina”. En este sentido, la acumulación de reservas, que superó recientemente los USD 45.000 millones, es vista como un paso previo indispensable, pero no suficiente si la demanda de pesos no se recupera de manera genuina y sostenible en el tiempo.
El análisis de consultoras privadas coincide en que el mantenimiento de las bandas al 1% o 1,5% mensual es una estrategia de compromiso para transitar el 2026 sin sobresaltos electorales o sociales. Sin embargo, advierten que esta rigidez podría generar tensiones en la competitividad exportadora si los costos internos en dólares continúan subiendo. La gestión de Milei relativiza este impacto, apostando a que las reformas estructurales y la desregulación económica compensen el atraso cambiario relativo mediante una mayor eficiencia en los sectores productivos de valor agregado.
Por otro lado, la relación con los mercados internacionales y los tenedores de bonos argentinos sigue de cerca estos anuncios. El riesgo país, que ha mostrado una tendencia a la baja perforando los 550 puntos básicos, refleja una confianza cautelosa en el plan oficial. Para los inversores, la “condición Milei” es interpretada como una señal de prudencia fiscal y monetaria, alejando los fantasmas de una devaluación descontrolada que históricamente ha erosionado los activos locales en el inicio de los ciclos de recuperación económica.
Hacia el futuro, la transición hacia una flotación libre dependerá del éxito de las licitaciones de deuda en pesos y de la capacidad del BCRA para seguir absorbiendo liquidez sin emitir. El impacto esperado es una unificación cambiaria definitiva que elimine la brecha, aunque el Gobierno no ha fijado una fecha calendario precisa, supeditando el movimiento a variables estrictamente técnicas. De cumplirse las metas de inflación proyectadas para el segundo semestre, el país podría estar ante el fin de una era de controles cambiarios que ha durado más de una década.





