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EL DÓLAR FINANCIERO CAE A SU VALOR MÍNIMO EN TRES MESES Y PERFORA EL PISO DE LOS 1400 PESOS

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En una sesión de fuerte retroceso para las cotizaciones libres, el dólar financiero (CCL y MEP) descendió por debajo de la barrera de los $1400, alcanzando su nivel más bajo en casi noventa días. Esta tendencia a la baja refleja una mejora en las expectativas del mercado respecto a la solvencia fiscal del Gobierno y una mayor demanda de activos en pesos. La convergencia entre los distintos tipos de cambio continúa profundizándose, lo que reduce la brecha cambiaria a mínimos que no se veían desde el último trimestre del año pasado.

La caída del dólar se explica, en parte, por una combinación de factores técnicos y macroeconómicos. Según informes de consultoras financieras, la escasez de pesos en la economía y la necesidad de las empresas de vender divisas para cumplir con obligaciones impositivas han generado una presión vendedora que el mercado no ha podido absorber sin una baja de precios. Asimismo, el sostenido superávit fiscal y el compromiso oficial con la emisión cero han fortalecido la moneda local frente a las opciones de cobertura en moneda extranjera.

Los analistas del sector bursátil destacan que este descenso tiene un impacto psicológico positivo, ya que desinfla las expectativas de devaluación que suelen presionar sobre los precios de los bienes de consumo. Un dólar estable o en descenso actúa como un ancla nominal que facilita la desaceleración de la inflación, uno de los objetivos primordiales del equipo económico. No obstante, advierten que una caída excesiva en términos reales podría afectar la competitividad de ciertos sectores exportadores si el tipo de cambio oficial no acompaña el movimiento.

En el mercado minorista y el informal (blue), también se percibió este clima de distensión, con una oferta que superó ampliamente a la demanda. Este escenario de “carry trade”, donde los inversores apuestan por tasas en pesos frente a un dólar planchado, ha regresado con fuerza al centro de la escena financiera. Los fondos de inversión han incrementado su exposición en letras y bonos locales, confiando en que la estabilidad cambiaria se mantendrá en el mediano plazo gracias a la acumulación de reservas por parte del Banco Central.

El contexto internacional también ha jugado a favor, con una leve debilidad del dólar a nivel global y un interés renovado por los mercados emergentes con planes de ajuste ortodoxos. Para el ahorrista promedio, la baja del dólar financiero representa un alivio en la presión sobre el costo de vida, aunque persiste la cautela ante la volatilidad histórica de la economía argentina. El Gobierno, por su parte, interpreta este movimiento como una validación de su hoja de ruta monetaria y fiscal.

Hacia el futuro, el mercado seguirá monitoreando si este piso de los $1400 es sostenible o si se trata de un fenómeno transitorio. La clave residirá en la capacidad del Banco Central para seguir acumulando reservas y en la evolución del índice de precios al consumidor. De consolidarse estos niveles, el país se encontraría en una posición mucho más favorable para avanzar en una flexibilización de las restricciones cambiarias, acercando la economía a una unificación de tipos de cambio que elimine las distorsiones actuales.

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