Roma Después de un “cordial y sincero” encuentro, con el aval del papa león XIV, el cardenal argentino Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), le puso este jueves un freno importante al desafío lanzado por los lefebvristas.
Según se informó, en lo que representó un intento de poner a prueba al Pontífice, los seguidores de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), un grupo católico ultraconservador creado por el fallecido arzobispo cismático francés, Marcel Lefebvre, a principios de febrero anunciaron que, no contentos con las respuestas que habían tenido de parte de la Santa Sede, iban a ordenar nuevos obispos en julio.
La FSSPX rechaza diversos aspectos del Concilio Vaticano II (1962-65) y utiliza la denominada misa tridentina preconciliar, oficiada en latín y de espaldas al pueblo (a la que Francisco le impuso restricciones).
Para evitar una nueva ruptura con este grupo rebelde y cismático, el cardenal Fernández -al frente del “ministerio” que debe lidiar con estos temas y uno de los prelados más cercanos al papa Francisco-, convocó a don Davide Pagliarani, superior de la FSSPX, para una reunión este jueves.
Al final de este encuentro, que tuvo lugar en la sede del DDF, en el Vaticano, un comunicado del dicasterio puso los puntos sobre las íes. Firmado por Fernández y “con el beneplácito del papa León XIV”, amén de dejar en claro la importancia de instaurar un amplio diálogo para resolver divergencias de fondo con los lefebvristas que se arrastran de lejos, advirtió que las conversaciones (o negociaciones) solo podrá seguir adelante si los lefebvristas suspenden la decisión de ordenar nuevos obispos. Esto implicaría, en efecto, irrumpir nada menos que en una nueva excomunión y en un cisma.
“Ha sido reiterado de parte de la Santa Sede que la ordenación de obispos sin mandato del Santo Padre, quien detenta una potestad suprema, que es plena, universal, inmediata y directa, implicaría una decisiva ruptura de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto”, avisó.
En 1988, en tiempos de san Juan Pablo II (1978-2005), el arzobispo Marcel Lefebvre, junto con el obispo brasileño Antônio de Castro Mayer, consagró a cuatro obispos sin mandato papal. Todos quedaron excomulgados de forma automática. En 2009, en un intento de acercamiento y reconciliación, Benedicto XVI (2005-2013) les levantó la excomunión a los cuatro obispos consagrados en 1988. Ese gesto en su momento creó un gran escándalo porque uno de ellos, el británico Richard Williamson, rector de un seminario lefebvrista en la Argentina (La Reja), era un negacionista del Holocausto.
El superior actual de la FSSPX, Davide Pagliarani -primer italiano que llega a ese cargo-, también fue rector del seminario de La Reja, Moreno, por casi seis años. Quizás por esto, en su encuentro con el cardenal Fernández de este jueves hablaron en español. Aunque no debe haber faltado tensión en el encuentro: en una reciente entrevista, Pagliarani disparó munición gruesa contra el documento del ddf que a fin del año pasado consideró “inoportuno” llamar a la Virgen María “corredentora”, título que grupos conservadores siempre quisieron adjudicarle.
“Negar el título de ‘corredentora’ equivale a destronar a la Santísima Virgen. Eso hiere el alma católica en lo más preciado que tiene”, protestó Pagliarani.
Lo cierto es que el documento del DDF sobre el encuentro de este jueves también dejó muy claro que, más allá de la decisión de ordenar obispos, son muchas las cuestiones que distancian la FSSPX y la Santa Sede. Y que vienen de lejos.
“Después de haber aclarado algunos puntos presentados por la FSSPX en diversas cartas, enviadas en los años 2017-2019, -entre otros se discutió acerca de la cuestión de la voluntad divina con respecto a la pluralidad de las religiones-, el Prefecto propuso un camino de diálogo específicamente teológico, con una metodología bien precisa, sobre temas que aún no han tenido una suficiente precisión como: la diferencia entre acto de fe y ‘religioso obsequio de la voluntad’, o los diferentes grados de adhesión que requieren los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación.





