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CUBA REFUERZA SU ALIANZA CON RUSIA ANTE EL COLAPSO ECONÓMICO Y BUSCA UN ACERCAMIENTO ESTRATÉGICO CON WASHINGTON

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El régimen cubano atraviesa uno de sus momentos más críticos desde el llamado “Periodo Especial”, enfrentando una crisis energética sistémica y una escasez de suministros básicos que amenaza la estabilidad social de la isla. En este contexto, La Habana ha decidido profundizar sus lazos militares y económicos con el Kremlin, al tiempo que emite señales de apertura hacia Estados Unidos. Esta dualidad diplomática busca, por un lado, asegurar el apoyo logístico de Moscú y, por otro, aliviar las sanciones económicas impuestas por Washington que, según la cúpula castrista, impiden cualquier intento de recuperación interna.

La reciente intensificación de la cooperación con Rusia no es casual; responde a una dependencia histórica que se ha reactivado ante el aislamiento financiero de Cuba. Informes de analistas internacionales sugieren que el apoyo ruso no se limita a hidrocarburos y cereales, sino que incluye una dimensión estratégica en defensa que inquieta a la región. A cambio de suministros vitales, Cuba ofrece a Moscú una plataforma de influencia política en el Caribe, consolidando un eje que desafía la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental, mientras la infraestructura eléctrica de la isla continúa operando al borde del colapso total.

Paralelamente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba ha incrementado sus llamamientos a favor de un “diálogo respetuoso” con la administración estadounidense. Según fuentes diplomáticas, el régimen busca una flexibilización del embargo o, al menos, su salida definitiva de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una designación que bloquea el acceso de la isla a créditos internacionales y transacciones bancarias globales. Este intento de deshielo busca atraer remesas y turismo, sectores fundamentales para una economía que ha visto una caída estrepitosa en su Producto Interno Bruto durante el último bienio.

La situación sobre el terreno es descrita por expertos en geopolítica como un “acto de equilibrio desesperado”. Mientras los apagones se prolongan por más de doce horas diarias en las provincias del interior, la dirigencia política intenta proyectar una imagen de control ante sus aliados internacionales. Las declaraciones oficiales enfatizan que el “bloqueo” es el único responsable de las penurias de la población, omitiendo las ineficiencias del modelo económico centralizado que ha sido incapaz de modernizar la matriz energética nacional a pesar de las promesas de inversión extranjera.

Por su parte, la comunidad internacional observa con cautela estos movimientos. Diversos organismos de derechos humanos han señalado que cualquier acercamiento diplomático con Estados Unidos debería estar condicionado a reformas democráticas internas y a la liberación de presos políticos. No obstante, el factor geopolítico pesa con fuerza: la creciente presencia de activos rusos en puertos cubanos añade una capa de complejidad que complica las negociaciones con Washington, donde sectores del Congreso mantienen una postura de “tolerancia cero” ante cualquier concesión al régimen sin cambios estructurales previos.

El futuro inmediato de Cuba dependerá de su capacidad para capitalizar el respaldo ruso sin cerrar definitivamente las puertas a una distensión con Estados Unidos. Si la ayuda de Moscú resulta insuficiente para revertir la crisis alimentaria y eléctrica, el régimen podría verse forzado a realizar concesiones económicas más profundas para evitar un estallido social de grandes proporciones. En última instancia, la isla sigue siendo un tablero de ajedrez donde las potencias globales miden sus fuerzas, mientras la población civil enfrenta una precariedad que no parece tener una solución técnica o política a corto plazo.

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