En un escenario económico marcado por la desaceleración de la inflación y el reordenamiento de las tasas de interés por parte del Banco Central, los ahorristas argentinos reevalúan constantemente la conveniencia de los plazos fijos tradicionales. Actualmente, para un depósito de $1.000.000, los rendimientos que ofrecen las principales entidades financieras presentan variaciones que obligan a los inversores minoristas a comparar opciones antes de inmovilizar su capital. La tasa nominal anual (TNA) se ha estabilizado en niveles que buscan equilibrar la necesidad de fomentar el ahorro en moneda local sin desatender la meta de reducción del déficit cuasifiscal.
Según el relevamiento diario de tasas de las entidades bancarias, un plazo fijo de un millón de pesos a 30 días genera hoy una renta que varía entre los $28.000 y $33.000, dependiendo del banco elegido. Entidades de primera línea, tanto públicas como privadas, han ajustado sus pizarras en línea con las últimas comunicaciones monetarias, ofreciendo tasas que en muchos casos se ubican por debajo de la inflación esperada. Este fenómeno de “tasa real negativa” ha desplazado a muchos inversores hacia otros instrumentos, aunque el plazo fijo sigue siendo la opción predilecta por su sencillez y seguridad jurídica.
Expertos en finanzas personales explican que la brecha de tasas entre bancos responde a las necesidades de liquidez de cada institución. Mientras que algunos bancos digitales u organizaciones de menor envergadura ofrecen tasas más agresivas para captar depósitos y fondear sus operaciones crediticias, los bancos tradicionales suelen mantenerse en el piso sugerido por el mercado. De acuerdo a un informe de consultoras económicas, la clave para el ahorro actual reside en la tasa efectiva mensual (TEM), que es la que realmente percibe el usuario al finalizar el período de 30 días.
El comportamiento del ahorrista también se ve influenciado por las expectativas cambiarias. Cuando las tasas de interés no compensan la suba proyectada del dólar o la inflación, el incentivo al plazo fijo se debilita. Fuentes del sistema financiero señalan que, a pesar de la baja de tasas, el stock de plazos fijos se ha mantenido relativamente estable, lo que sugiere que una porción importante de la población prioriza la previsibilidad de un interés fijo frente a la volatilidad de los activos bursátiles o las criptomonedas.
Es fundamental considerar que el rendimiento neto debe evaluarse en función de la inflación del mes en curso. Si bien un millón de pesos puede generar una ganancia nominal atractiva para el presupuesto familiar inmediato, el poder adquisitivo de ese capital puede verse erosionado si el Índice de Precios al Consumidor (IPC) supera la tasa bancaria. Ante este panorama, muchos bancos han comenzado a promocionar nuevamente los plazos fijos UVA, que ajustan por inflación, aunque requieren un compromiso de permanencia mucho mayor, generalmente de 180 días.
Para los próximos meses, se espera que la tendencia de las tasas siga ligada a la política de saneamiento del balance del Banco Central. Si la inflación continúa su sendero descendente, es probable que las tasas de interés también se reduzcan paulatinamente para incentivar el consumo y el crédito productivo. Por el momento, el ahorrista minorista deberá seguir de cerca las actualizaciones de las aplicaciones bancarias, donde la competencia por los depósitos de los usuarios sigue siendo el principal motor de las variaciones en los rendimientos ofrecidos.





