La inflación de julio fue del 2,1% y cortó con la racha de desaceleración que se había logrado en los tres meses previos, después del pico del 3,4% registrado en marzo. Después de esta aceleración, los analistas empezaron a ajustar sus proyecciones sobre el IPC rumbo a los últimos cinco meses del año.
El dato estuvo en línea con las expectativas del mercado y los consultores coinciden en que los precios estacionales fueron uno de los principales factores detrás de la suba. Ese componente aumentó 4,5% durante el mes, impulsado por las vacaciones de invierno. La inflación núcleo, en tanto, pasó de 1,6% en junio a 1,8% en julio, aunque se mantuvo por debajo del 2%.
Para Eric Ritondale, economista jefe de PUENTE, ese nivel de la núcleo es una señal favorable: “Lo más relevante del reporte fue que la inflación núcleo se ubicó nuevamente por debajo del umbral del 2%, registrando un 1,8% mensual. Que el componente subyacente se mantenga en estos niveles resulta una señal positiva que valida una desaceleración inflacionaria de fondo respecto al segundo semestre de 2025 y al primer trimestre de 2026, señalando la incidencia de los anclajes monetarios y fiscales”.
El economista también destacó que el resultado “consolida una trayectoria interanual del 33,8%”.
La diferencia con la medición de la Ciudad de Buenos Aires también estuvo vinculada a la incidencia de los precios estacionales. Mientras el IPC nacional marcó 2,1%, el indicador porteño había registrado 2,9%. Al respecto, Ritondale sostuvo: “Dicha diferencia se explica por el mayor peso relativo que tienen los rubros de turismo y restaurantes y hoteles dentro de la canasta porteña. En el IPC nacional, estos componentes de marcada estacionalidad por las vacaciones de invierno tienen una ponderación significativamente menor, lo que morigeró su impacto en el nivel general”.
Entre las divisiones que más aumentaron estuvieron Recreación y cultura, con una suba del 5%; Restaurantes y hoteles, con 2,8%; y Salud, con 2,5%. En cambio, Alimentos y bebidas no alcohólicas avanzó 2%, mientras que Prendas de vestir y calzado tuvo una baja del 1,3% por las liquidaciones de temporada.
Desde LCG coincidieron en que el componente estacional fue determinante, aunque señalaron que también hubo una leve aceleración en la núcleo: “Los Estacionales presionaron al alza general, pero fueron compensados por menores aumentos en Regulados. Así, podría pensarse que la aceleración de la inflación correspondió enteramente a una mayor inflación núcleo”.
La consultora advirtió, de todos modos, que la dinámica de los precios todavía tiene un componente inercial difícil de reducir: “No obstante, la inflación núcleo se movió al alza en las dos mediciones y sigue siendo elevada, revelando que la inercia todavía resulta muy difícil de domesticar”.
Pese al avance de julio, el consenso entre los analistas es que la desinflación debería continuar, aunque con meses de mayor y menor variación. Ritondale planteó: “Hacia adelante, la previsión es que el proceso de desinflación continúe en los próximos meses”.
El economista aclaró que el camino no será necesariamente lineal: “La trayectoria de la inflación no será un proceso estrictamente lineal, sino que mostrará cierta volatilidad mensual dada la estacionalidad propia de ciertos rubros y las readecuaciones de precios relativos”.
En Cohen Aliados Financieros tampoco observaron un cambio relevante en las expectativas luego del dato. Sergio González, head de Asset Management de la firma, señaló: “La reacción de los activos fue acotada: no observamos movimientos relevantes en la curva de pesos ni en los precios de los instrumentos indexados, lo que confirma que el dato ya estaba incorporado en las cotizaciones previas a la publicación. La ausencia de sorpresa evita, por ahora, una recalibración de expectativas en el tramo corto”.





