
Especialistas explican que la independencia cotidiana con la que crecieron muchos chicos durante esas décadas contribuyó a formar habilidades de resolución de problemas y autosuficiencia.
Durante las décadas de 1970 y 1980, muchos niños crecieron con un nivel de independencia cotidiana que hoy resulta llamativo en comparación con los estándares actuales de crianza. Regresaban solos de la escuela, preparaban su propia merienda y pasaban varias horas sin supervisión directa mientras sus padres trabajaban o realizaban otras actividades.
Desde la psicología, especialistas analizan de qué manera esas condiciones de crianza influyeron en el desarrollo de capacidades como la autosuficiencia y la resolución autónoma de problemas. El contexto social y familiar de la época habilitaba márgenes de acción para los niños que, según los profesionales del área, tuvieron impacto en la formación de su personalidad y sus recursos personales.
El análisis pone en perspectiva las diferencias entre los modelos de crianza de distintas generaciones y abre una reflexión sobre cómo el entorno cotidiano de la infancia incide en el desarrollo de habilidades que acompañan a las personas durante toda su vida adulta.





