
El escritor uruguayo cuestionó la noción tradicional de cultura ligada a la lectoescritura y propuso una definición centrada en la capacidad de escucha y el diálogo.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano planteó una visión disruptiva sobre el concepto de cultura, distanciándose de la asociación convencional entre formación cultural y dominio de la lectura y la escritura. Según sus palabras, la cultura radica en una habilidad profundamente cotidiana: la capacidad de escuchar al otro.
“Conozco gente profundamente culta que no sabe leer ni escribir porque culto es aquel que es capaz de escuchar al otro”, sostuvo Galeano, cuestionando así una idea ampliamente instalada en los sistemas educativos y en el imaginario colectivo sobre qué significa ser una persona cultivada.
La reflexión del autor pone en el centro del debate la dimensión relacional del conocimiento, sugiriendo que la verdadera formación cultural no se mide exclusivamente por el acceso a la educación formal ni por el dominio de habilidades instrumentales, sino por la apertura hacia las experiencias y saberes del otro.
La definición propuesta por Galeano interpela tanto a los ámbitos académicos como a las políticas culturales y educativas, al ampliar el horizonte de lo que se considera saber y pertenencia cultural. Su planteo invita a reconocer formas de conocimiento que, con frecuencia, quedan fuera de los parámetros tradicionales de medición del capital cultural de una persona o comunidad.





